Cuando se dispone de un presupuesto muy bajo para la comida, es recomendable seleccionar primordialmente los alimentos que no tengan desperdicio o que tengan muy poco, o bien asegúrate de que ese “desperdicio” se podría utilizar en alguna otra forma.
Por ejemplo los huesos de carne se podrían usar para preparar un sustancioso caldo, de esta manera ya no se considerarían como desperdicio.
Sin embargo el costo de la carne sube demasiado cuando tiene una alta cantidad de grasa, pellejo o cartílago que luego hay que desechar. Por esto es recomendable calcular los costos de tus compras por lo que cuesta cada ración, no por cada kilogramo.

Como norma general, no compre más queso fresco (queso crema, queso cottage) del que vaya a usar en el lapso de una semana. Los quesos duros (el parmesano y otros quesos para rallar) pueden guardarse durante mucho tiempo. La conservación de los quesos depende de la etapa de añejamiento en que estén cuando se compran.
Es preciso evitar la carne que tenga mucha grasa y hueso, a menos que sea posible utilizar lo que de otra forma seria desperdicio, por ejemplo, los huesos se pueden usar para preparar caldo y la grasa podría servir para cocinar algunos platillos que la requieren en lugar de aceite o grasa comercial.
En general no compre frutas y verduras agrietadas, magulladas o aguadas. La fruta buena debe tener la pulpa firme y pesar bastante en relación a su tamaño. Las verduras como acelgas, espinacas, etc., deben tener las hojas tersas, lustrosas, y frescas de color verde brillante.
* Si al preparar los alimentos se te pasa la mano de sal, no te preocupes por que solo necesitas agregar papas crudas cortadas en trozos, y cuando tu platillo esté listo, retíralas de tu comida pues ya han absorbido toda la sal.